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sábado, 26 de octubre de 2013

El viento me miraba
con sus ojos redondos
pedían la sonrisa
al estilo de la mona lisa

Él no entendía el por qué de mi llanto
no era un día soleado
mi corazón estaba roto
hecho añicos, en mil pedazos.

Mis lágrimas eran las palabras
por las que mi alma hablaba
el viento me consolaba
con sus soplidos me calmaba.

Entonces el sol apareció
y el viento se calmó
me dijo: amiga, no llores
demasiado bonita eres.

Al final el viento desapareció
y entre volandas se llevó
la tristeza que en ese momento me invadió.

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